El Populismo.


El Populismo.

El populismo, una palabra con variados conceptos, como lo manifiesta Guy Hermet, “que no existe una definición consensuada o completa de este síndrome que abarca muchas realidades temporales tanto como espaciales” (Hermet, 2003), es así que se utiliza en la política con un significado despectivo y peyorativo, ya que los medios utilizados por los políticos es la demagogia y el clientelismo, a estos se los denominan o se los encuadran en políticos populistas, es así que este término está enfocado en la “construcción de lo político” establecido por Ernesto Laclau, como lo menciona Daniel Gutiérrez Vera, en el Populismo: el Ruido y la Ira. (Gutiérrez Vera, 2014)
Guy Hermet, en su libro Populismo, Democracia y Buena Gobernanza, define al populismo con un “carácter antipolítico, es decir la controvertida promesa de satisfacer inmediatamente y sin revolución las necesidades populares.” (Hermet, Populismo, Democracia y Buena Gobernanza., 2008)

“Tendencia política que pretende atraerse a las clases populares”, es como lo define la RAE (Real Academia Española., 2019), otorgando una connotación política.

Existe otras concepciones, que hacen referencia al término, dependiendo el contexto histórico, así  Daniel Gutiérrez Vera hace referencia al jurista nazi Carl Schmitt (1888 – 1985) definiendo este como el núcleo interno de lo político, dando como consecuencia que “la lucha política es concebida como conflicto permanente” (Gutiérrez Vera, 2014), lo que puedo concluir que en la política, así como en la guerra, podemos utilizar estrategias o métodos que nos ubiquen por encima o por delante del rival.
Dentro del sistema democrático, los rivales o antagónicos se encuadran a las disposiciones legales, determinadas dentro del marco jurídico por existir instituciones organizadas, con reglas claras, para que se lleve a cabo la interacción política, tratando en lo más mínimo se instaure el caos, existiendo excepciones a conveniencia de un autoridad electa, que para mantenerse en el poder suspende las regulaciones legales dentro de un estado de derecho, aplicando mecanismo para nada ortodoxos, como ejemplo, al declarar estado de excepción, con el cual se impone la voluntad del gobernante, estando en contraposición de la democracia, en la cual se debe de respetar la normativa jurídica pre establecida.

En la organización democrática, la pugna de agonistas o facción de un determinado partido o movimiento, no se mezcla con el enfrentamiento violento para imponer sus posturas arbitrariamente, en la cual debemos hacer hincapié en la hegemonía, que en palabras de Gramsci, define la hegemonía como “dirección política, intelectual y moral”. Esta hegemonía se lleva a cabo cuando la sociedad adopta voluntariamente intereses de otros grupos, sin  prestar resistencia u oponerse, en el caso de regímenes dictatoriales, los cuales ejercen su poder por medio de la fuerza, de la coacción, instaurando su dominio en la sociedad, no se lo podría llamar un régimen hegemónico.
Daniel Gutiérrez Vera manifiesta que Laclau define al populismo como la “construcción del antagonismo”, es decir, posiciones políticas en constante conflicto. Planteando Laclau que en “el populismo operan acopladas dos lógicas: una establecida por la equivalencia entre sí de reivindicaciones sociales diversas que al no ser atendidas se acumulan y causan frustración en el pueblo”; y otra conformada por las diferencias que presenta cada reivindicación específica respecto a todas las demás.” (Gutiérrez Vera, 2014)

Estas dos situaciones impregnadas en la sociedad, por los diversos acontecimientos históricos sociales se encuentran en constante ebullición, más aún cuando un ciudadano con aspiraciones políticas, agita a estas masas, haciendo hincapié en las reivindicaciones sociales, apelando a las frustraciones del pueblo, en cuanto a sus necesidades insatisfechas por el Estado.

En lo que corresponde al psicoanálisis, en la identificación de los sujetos o ciudadanos, ante una propuesta política, no cabría la cualidad del carisma, para explicar aquel lazo que se crea entre el ciudadano y el sujeto político, “de acuerdo con Freud, nos tornamos equivalentes en el momento en que nos reconocemos en un mismo líder, en un mismo partido, en una misma iglesia o nación, y añadiría, en una fantasía política que compartimos” (Gutiérrez Vera, 2014), entonces es cuando se genera la afinidad y el vínculo, siendo esta una forma legítima de dominación, por la predisposición de entrega por parte de los seguidores a una persona por sus características singulares, según lo manifestado por  Max Weber, en uno de los tres tipos de autoridad, en su libro Economía y Sociedad. (Weber, 1987)

Para llegar a este punto, el sujeto político debe de tener una capacidad extraordinario en la interpelación política, ya sea porque los individuos lo ubican en una lugar ideal, siendo este el que les puede satisfacer sus necesidades insatisfecha, o también por la elaboración sistemática de producción ideologías, religiosa, científica, etc (Gutiérrez Vera, 2014), que por medio de la racionalidad influye en la sociedad.

Una vez que el sujeto político ha llegado a generar el vínculo con los ciudadanos, ubicándose este en la posición ideal, haciéndose llamar o llamándose, líder, en la cual se establece la hegemonía entre sus pares, siendo su herramienta el discurso como lo menciona Daniel Gutiérrez Vera (Gutiérrez Vera, 2014), pudiendo llegar hasta el punto de ser un caudillo, dependiendo del poder que absorba.
En lo que corresponde al discurso, menciona Laclau que en los actos hegemónicos son capaces de cerrar el sistema discursivo instituyendo a propósito una determinada significación en el lenguaje, siendo un lenguaje incompleto, que cada significación remite siempre a otra significación, estando este sistema de lengua, falto de medios que le permita capturar la real significación. (Gutiérrez Vera, 2014)
 
Es así, que no se transmite al público o a los cíudadanos, la correcta significación de las palabras, de lo que quieren ejecutar o hacer, lo que hace que el receptor caiga en el error y entienda lo contrario, es así, que con el juego de palabras, induce a la población para que sea cómplice de los actos que realiza el caudillo, al extender el pueblo su total apoyo a los actos que quiera ejecutar, y llegando hasta al punto de entrar en polarización con otros sectores de la sociedad, confrontando ideas que no tiene claras, llegando al punto de tener una sociedad fraccionada.

Bibliografía
Gutiérrez Vera, D. (2014). Populismo: el Ruido y la Ira. Utopía y Praxis Latinoamericana.
Hermet, G. (2003). Scielo. Obtenido de https://scielo.conicyt.cl/scielo.php?pid=S0718-090X2003000100001&script=sci_arttext
Hermet, G. (2008). Populismo, Democracia y Buena Gobernanza. El Viejo Topo.
Real Academia Española. (2019). Diccionario de la laengua española. Obtenido de https://dle.rae.es/?id=TfyMi6t
Weber, M. (1987). Economía y Sociedad.

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